¿Y qué?

¿Y qué si nuestra lectura de la Biblia pasa de ser un ejercicio de simple lectura a una conversación?

¿Y qué si nos permitiésemos leer El Libro no cómo una obligación devocional para crear más bien un espacio de meditación, conversación e inspiración?

¿Y qué si dejamos de leer palabras para empezar a escuchar las voces eternas?

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